A mediodía, nos detuvimos al pie de una enorme bandera estadounidense para tomar algunas fotos y reflexionar un poco. No se puede negar que la Scrambler 900 se ha vuelto más afilada.
El diseño parece más moderno, deportivo y para muchos también más distante. La integración del cuadro de instrumentos digital, el mismo que en la Trident 660 o la Speed Twin 900, es el punto de fricción más evidente. Es funcional, permite la conexión con el smartphone y muestra toda la información de la nueva IMU, incluyendo ABS en curvas y control de tracción dependiente de la inclinación. Pero, ¿dónde ha quedado el encanto de las agujas analógicas?
El subchasis también se ha vuelto más delgado, lo que dificulta a aquellos que quieren seguir usando accesorios de modelos anteriores, como el soporte de matrícula corto u otros soportes.
Otro detalle que ha cambiado es el tapón del tanque. En la generación anterior, el tapón estaba atornillado, un sistema que, aunque estéticamente coherente, podía causar problemas a largo plazo. En mi propia moto, experimenté daños en la pintura y desconchados en ese punto de fricción. En el modelo 2026, el tapón ya no se atornilla. Y en mi opinión, la solución ahora es significativamente más refinada.
Es una motocicleta que mira claramente hacia el futuro, con el objetivo de atraer a un público joven que aprecia la conectividad y las líneas distintivas, pero corre el riesgo de dejar atrás a los entusiastas del estilo retro.