Durante mi investigación para este informe, me encontré con tres términos japoneses que lo explican todo: Kaizen, Monozukuri y Genchi Genbutsu. Lo que suena como palabras de moda en gestión, en realidad son imperativos culturales profundamente arraigados.
Kaizen significa mejora continua. No se trata de una revolución espectacular cada cinco años, sino de miles de pequeñas optimizaciones a lo largo de décadas. Kaizen es una filosofía de progreso incremental, donde cada problema, por pequeño que sea, se resuelve antes de que pueda volverse sistémico. Mientras que los fabricantes europeos reinventan radicalmente sus plataformas cada tres a cinco años, Suzuki ha refinado la misma base durante décadas. ¿La DR650? En esencia, inalterada desde 1996. ¿La familia V-Strom? En el mercado desde 2002, con mejoras continuas en los detalles en lugar de revoluciones impulsadas por el marketing.
Monozukuri – el arte de crear – eleva la fabricación de trabajo a artesanía. Combina la creatividad humana con la precisión tecnológica y genera un orgullo intrínseco en la calidad que ningún sistema de incentivos puede replicar.
Genchi Genbutsu – ve y mira tú mismo – obliga a los gerentes a examinar los problemas directamente en el lugar de los hechos. Nada de presentaciones en PowerPoint, ni informes filtrados. Los gerentes deben entrar en la planta de producción y ver los problemas con sus propios ojos. Esta franqueza evita que los problemas se pierdan en las jerarquías.
Sin embargo, el verdadero cambio de juego es algo que los fabricantes occidentales nunca podrán copiar: honor y vergüenza. En la cultura japonesa, la producción de productos defectuosos trae deshonra colectiva al individuo, al equipo, a la empresa y a la nación. Una motocicleta defectuosa no es un fallo de producción, sino un fracaso personal. Esta formación cultural crea una mentalidad de cero errores que los controles de calidad estadísticos por sí solos nunca pueden alcanzar.