10 motos legendarias de dos tiempos que hicieron historia

Estas 10 motos de dos tiempos siguen poniéndonos la piel de gallina

Humean, chillan, suben de vueltas con avidez y han marcado a generaciones de motoristas. De la Yamaha RD 350 y la Aprilia RS 250 a la Vespa PX y la Puch Maxi: estas diez legendarias dos tiempos demuestran por qué una técnica tan sencilla sigue enamorando a tantos aficionados.

by Der Horvath on 14/11/2026

Las motos de dos tiempos tienen un carácter muy propio: poco peso, una entrega de potencia inmediata, un sonido inconfundible y, por supuesto, la característica estela azul saliendo del escape. Aunque muchas de las dos tiempos más famosas proceden de la competición, también en carretera nacieron máquinas que marcaron a generaciones enteras. Algunas de ellas todavía se pueden encontrar hoy en el mercado de segunda mano. Hemos seleccionado diez motos de dos tiempos especialmente legendarias.

Yamaha RD 350 YPVS

Foto: Bilski / MOTORRAD

Para muchos, la Yamaha RD 350 YPVS es la moto de carretera de dos tiempos por excelencia. Su bicilíndrico refrigerado por líquido combina un peso reducido con una potencia impresionante para la época y una entrega que le deja muy claro al piloto cuándo el motor entra en su zona de confort. El sistema de válvula de escape YPVS hizo a la RD más refinada que sus predecesoras sin quitarle el típico carácter dos tiempos. Hoy es un clásico codiciado, pero sigue siendo una máquina que realmente se conduce y no solo se expone.

Suzuki RGV 250 Gamma

Imagen: MOTORRAD

Pocas motos llevaron a finales de los 80 y principios de los 90 tanto ambiente de Gran Premio a la vía pública como la Suzuki RGV 250 Gamma. El compacto V2 de dos tiempos, el bajo peso y un chasis afilado como un bisturí la convirtieron en una máquina que fascinaba menos por su potencia máxima absoluta que por su concepto global. La RGV pedía vueltas, implicación y un piloto dispuesto a trabajar con el cambio. Su técnica sirvió además más tarde de base para otra leyenda de dos tiempos: la Aprilia RS 250.

Aprilia RS 250

La Aprilia RS 250 fue en cierto modo el gran final de las deportivas de dos tiempos homologadas para carretera. Con el motor V2 procedente de la Suzuki RGV, el saber hacer italiano en chasis y una estética que recordaba directamente al mundial de velocidad, fue una auténtica moto de ensueño en los 90. Su fascinación sigue naciendo hoy menos de las cifras puras que de la combinación de poco peso, manejo preciso y entrega de potencia explosiva. Las buenas unidades están, en consecuencia, muy buscadas.

Aprilia RS 125

Para incontables jóvenes, la Aprilia RS 125 fue la primera moto que realmente se sentía como una moto de carreras de verdad. Carenado integral, chasis de aluminio, posición deportiva y un monocilíndrico de dos tiempos de alto régimen la convirtieron en la moto del póster de toda una generación. Sobre todo en versión libre, la RS ofrecía unas prestaciones muy por encima de lo que hoy se asocia con la categoría de 125. Al mismo tiempo, enseñó pronto a sus dueños que las dos tiempos exigen cariño, aceite caliente y, de vez en cuando, una llave inglesa.

Cagiva Mito 125

Si la Aprilia RS 125 era el sueño juvenil italiano sensato, la Cagiva Mito era la variante especialmente extravagante. Las versiones posteriores recordaban inconfundiblemente a la Ducati 916 y parecían más una supersport exótica que un modelo de iniciación para el carné. A ello se sumaban un motor de dos tiempos rabioso, altas revoluciones y, en las primeras variantes, incluso un cambio de siete marchas. La Mito encarnaba aquella época en la que los fabricantes ponían en las 125 un esfuerzo que hoy resulta casi inimaginable.

Yamaha DT 125

No todos los sueños de dos tiempos llevaban carenado integral. La Yamaha DT 125 fue para generaciones de principiantes una de las motos más polivalentes que existían. Ligera, sencilla, lo bastante capaz off-road para caminos de tierra y, a la vez, lo bastante práctica para ir al instituto, al trabajo o moverse a diario por la ciudad. Su monocilíndrico de dos tiempos ofrecía justo esa mezcla de bajos dóciles y empuje extra a altas vueltas que hace tan divertidas a las dos tiempos. La DT era menos exótica que una RS o una Mito, pero estaba al alcance de muchísima más gente.

Kawasaki H2 750

Imagen: j.kuenstle.de / MOTORRAD

La Kawasaki H2 750 es una de las máquinas que forjaron la fama salvaje de las grandes dos tiempos. A principios de los 70, Kawasaki combinó un tricilíndrico de dos tiempos de 750 cc con un chasis relativamente sencillo, creando una moto cuyo motor parecía ir siempre un paso por delante del resto de la máquina. Un empuje brutal, poco peso y el característico sonido del tricilíndrico convirtieron a la H2 en un icono. Hoy es mucho más una pieza de coleccionista que una moto para el día a día, pero su fama sigue viva.

Suzuki GT 750

Imagen: fact / MOTORRAD

La Suzuki GT 750 demostró que dos tiempos no tenía por qué significar pequeña, nerviosa e intransigente. El gran tricilíndrico estaba refrigerado por agua y concebido como una cómoda moto de carretera. Así, la GT representaba un enfoque del dos tiempos totalmente distinto al de las ligeras deportivas posteriores. Su aspecto voluminoso le valió en los países de habla alemana el legendario apodo de «Wasserbüffel» (búfalo de agua). Precisamente ese contraste entre gran moto turística y tricilíndrico de dos tiempos humeante la hace tan especial hasta hoy.

Vespa PX

La Vespa PX demuestra quizá mejor que cualquier otra moto de esta lista que el motor de dos tiempos fue mucho más que una solución técnica para motos rápidas. Durante décadas, los distintos modelos PX marcaron el paisaje urbano de Europa y de muchas otras regiones del mundo. El motor de dos tiempos refrigerado por aire, el cambio manual y la característica carrocería de acero hicieron de la Vespa una alternativa a motos y scooters cada vez más complejos. Todavía hoy existe una enorme escena en torno a unidades originales, restauraciones y preparaciones, y pocas dos tiempos están tan arraigadas culturalmente.

Puch Maxi

Pocas motos tienen en Austria una carga emocional tan fuerte como la Puch Maxi. No era una deportiva ni una sensación técnica, sino simplemente, para incontables jóvenes, el primer paso hacia la libertad motorizada. El pequeño motor de dos tiempos era sencillo, robusto y, sobre todo, ideal para meterle mano uno mismo, trastear y, no siempre de forma del todo legal, sacarle algo más de potencia. Precisamente por eso la Maxi sigue viva hoy: como clásica, objeto de preparación, vehículo cotidiano y pedazo rodante de la cultura juvenil austriaca.

Por qué estas diez dos tiempos siguen fascinando hoy en día

Estas motos difícilmente podrían ser más distintas. Entre una Puch Maxi y una Kawasaki H2 hay un abismo, igual que entre una Vespa PX y una Aprilia RS 250. Pero todas tienen en común que no fueron solo productos técnicos. Representan determinadas etapas de la vida, generaciones y culturas moteras. Ahí reside la fascinación especial de las dos tiempos clásicas: no solo se recuerda cómo iban, sino también cómo sonaban, cómo olían y qué se sentía con ellas.